Coquetería sureña: It’s Alive, de La Luz

La-Luz-Its-AliveLa Luz llegan desde Seattle y puede que nunca hayas oído hablar de ellas, pero al otro lado del charco este cuarteto formado íntegramente por chicas es toda una sensación. Y lo cierto es que al escuchar este disco, hermano mayor de ese EP Damp Face con el que ya nos pusieron los dientes largos, es imposible resistirse a su sencillo encanto.

Quien se acerque a estos once temas con hambre de algo nuevo estilísticamente hablando, se llevará una sorpresa: La Luz encuentran sus referencias en dirección contraria, y la escucha de It’s Alive nos llevará precisamente atrás en el tiempo. Pero lejos de imitar lo que ya han hecho otros reinterpretándolo a través del filtro de la nostalgia, realmente hacen ese sonido totalmente suyo, como si las chicas nunca hubieran escuchado otra cosa: la facilidad con que suenan como si fueran un auténtico grupo de surf californiano o una banda de pop de chicas de los 60, con personalidad propia, te atrapa desde la primera.

laluz

Desde los redobles y guitarras puramente surf del comienzo de la inicial Sure As Spring, nos transportan con sus armonías vocales a esa fiesta en la playa en la que todos bailaban descalzos entre palmeras y a la que no pudimos asistir porque aún nos faltaban un par de décadas para nacer. All The Time y Morning High se pasean más lentas, como coquetas en su femineidad, y de nuevo deslumbran con esos coros suaves y con el punto justo de languidez. Y no digo de quien es la voz que manda porque como ellas mismas afirman, todas cantan, dotando al conjunto de un componente coral que hace su propuesta más única si cabe. What Good Am I es un himno a la indecisión y los dramas adolescentes, con un toque soñador, un halo de triste extrañeza a lo Mazzy Star. Sunstroke nos sacude para despertarnos y nos lanza a las olas: seguramente es el tema de surf instrumental más clásico del disco. Le sigue It’s Alive, que aunque empieza en la misma onda que Sunstroke pronto cambia mediante las voces doo-wop de las chicas y desarrollos melódicos más modernos.

Y aunque nos podríamos dejar llevar y decir que la música de La Luz es como su nombre, alegre y luminosa, parte de su éxito es que tienen una parte bien sombría a la vista, el contrapunto de unas letras crípticas y oscuras, como se aprecia perfectamente en Big Big Blood, tema que las mismísimas Vivian Girls les deben envidiar en secreto. 

Call Me In The Day es una de las estrellas del disco, pura femeneidad y coquetería sureña, y saca a pasear incluso teclados en la onda de (ahí es nada) los mejores The Doors. Escalofríos asegurados.

La ligera Pink Slime vuelve a poner en marcha la fiesta ye-yé, que rematarán con la instrumental Phantom Feelings (otro pildorazo de surf clásico). Como en toda buena fiesta, hay que ralentizar las revoluciones para que la gente sepa que lo bueno se acaba, y eso es lo que hacen con la última canción del disco, la hipnótica You Can Never Know: para mí una de las mejores canciones del disco gracias a sus guitarras sigilosas y las intrigantes melodías de voz, que le dan un aire bastante épico entre la aparente ligereza del sonido de la banda. Sublime.

En definitiva, estamos ante un album con algunas canciones que no desentonarían si las oyéramos de fondo en ciertas escenas de pelis de Tarantino, pero que lo mismo serían la banda sonora perfecta para una fiesta playera o un guateque retro. Un disco coherente en su sonido que te transporta a otros tiempos y lugares, un disco tan adictivo como los chicles de fresa: te será imposible escucharlo una sola vez.

Crítica: Rosario López

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