[CRÓNICA + FOTOS] Barcelona grita MON THE BIFF!

BiffyClyro_PORTADABiffy Clyro llegaron el miércoles a Barcelona para concedernos el honor de dar el pistoletazo de salida a la gira europea de su último trabajo, Ellipsis. Como si se hubieran traído consigo el clima de su Glasgow natal, hacía tiempo que no veíamos un día tan gris, frío e inhóspito aquí, pero si hay algo que me han enseñado los años que llevo siguiéndoles, es que cuando Biffy viene a tu ciudad, da igual si su último disco no es tu favorito y da igual el mal tiempo. Cuando vienen Biffy, mueves el culo y vas a verles porque simplemente, no puedes perderte algo así. 

S_Biffy Clyro_6863_1A lo mejor esta última frase suena un poco exagerada, pero ayer volvieron a demostrarnos que al final del día siempre vale la pena verles. Y eso que, admitámoslo, el comienzo del setlist fue en esta ocasión un poco titubeante y dejó al público algo frío. En mi opinión al arranque del concierto le faltó algo de contundencia, sobretodo si comparamos con los tiempos en que empezaban los conciertos con Glitter and Trauma y cañonazos similares. Es innegable que tanto Simon como los mellizos Neil y James daban la cara con aplastante seguridad y con ganas tocando las nuevas canciones, pero de la primera mitad del concierto, entre el abundante material reciente, solo destacaron Wolves of Winter In the Name of the Wee Man. Y aunque deleitaran a gran parte del público, poco contribuyó al ritmo de esa fase intercalarlas con Biblical y God & Satan, dejándonos expectantes en un medio tiempo que todavía no acababa de estallar.

S_Biffy Clyro_7052_©RosarioLopezY es que a priori no es fácil casar lo variopinto de las composiciones y el público del trío escocés. Por suerte, surgió al rescate el clásico single Living’s a Problem Cause Everything Dies, uno de esos temas capaz de gustar a todo el mundo por igual, y mucho además. A partir de ahí cambió el rumbo de la noche y con la distancia con el público ya acortada, lo que vimos fue una demostración de fuerza en que la banda se entregó con afán a la misión de demostrar lo rico en contrastes de su propuesta: rock de estadio (Howl), pop-rock (Bubbles), la apisonadora pegadiza de rock imprevisible que es Modern Magic Formula o el himno épico (Mountains).  Todo sacando la artillería pesada y defendido con uñas y dientes, ya descamisados, sin dejarse ni una gota de sudor en el tintero, sonrientes y con los dedos envueltos en esparadrapo para darle más fuerte, más rápido, a las cuerdas y las baquetas. Al final todo ese entusiasmo sobre las tables salvó inevitablemente los metros de foso bajo el escenario y llegó a las primera filas como un virus implacable.

6S_Biffy Clyro_7324_1 En medio de toda esa intensidad es precisamente cuando más brilló también el apoyo al trío a la guitarra y teclados de Mike Vennart y Gambler (ex componentes de Oceansize). Sobretodo el primero, al que veíamos blandir la guitarra en alto y saltar desafiante ante James, poseído por el poder de la música. Casi tan poseído como los fans más veteranos del público cuando reconocimos las primeras notas de electróncia de Glitter and Trauma. La verdad es que muchos ya no contábamos con volver a oirla más, viendo como la habían descartado (junto al resto de canciones de sus tres primeros discos) de setlists recientes, como el del Mad Cool por poner un ejemplo. Ahí se vio claro, eso sí, quién pertenecía a la facción dura / antigua de los fans, solo había que ver quienes sobresalían sobre las cabezas del resto haciendo headbanging, saltando, y, en definitiva, volviéndose (volviéndonos) locos. Entre miradas cómplices bajo los focos, aún llegarían Victory Over the Sun, Black Chandelier y That Golden Rule para llevarnos al delirio colectivo y acabar de empujar el listón todavía un poquito más allá.

2S_Biffy Clyro_7272Con la sensación de euforia flotando en el ambiente, Many of Horror rebajó las revoluciones y enlazó tras el bis con la épica vulnerable de Machines. Y a ver quién se resistía a cantarla a pleno pulmón con Simon. Con Animal Style volvieron a tomar el pulso al público y lo puso a bailar. Y como guinda del pastel llegó Stingin’ Belle como el perfecto resumen del sonido del grupo:contundente-dulce-dura-contundente y, por qué no, con un crescendo envuelto en gaitas. Veintidós canciones después de que sonara la primera nota, llegó la última y nos encontró ajenos al frío de fuera, con las manos en alto, el pelo revuelto y la piel de gallina, empapados en sudor y con una sonrisa medio flipada en la cara. Como cuando justo después de una noche loca de pasión te das cuenta de que contra todo pronóstico, contra toda lógica, como por arte de magia, te has vuelto a enamorar.

CRÓNICA Y FOTOS: ROSARIO LÓPEZ

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