FOTOS y CRÓNICA: Dredg tocan El Cielo y Catch Without Arms en Berlín

Dredg_Singer_9910_1Hace unos meses, los estadounidenses Dredg nos cogieron a muchos por sorpresa anunciando una gira europea muy especial, en la que podríamos escuchar en directo en su totalidad dos de sus discos más queridos y recordados por sus fans, El Cielo (2002) y Catch Without Arms (2005). En algunas ciudades tocarían sólo el primero, en otras El Cielo, y en tres fechas especiales en Alemania se podría disfrutar de ambos conciertos/discos, uno justo después del otro. La gira desgraciadamente no pasaba por aquí, así que decidimos liarnos la manta a la cabeza y volar a Berlín para asistir al programa doble del 2 de mayo.

CONCIERTO DE “EL CIELO”

Se acercaban las siete de la tarde entre las cuatro paredes de la gran sala Kesselhaus Kulturbrauerei, con su encanto industrial mezcla de piedra, hierro y ladrillo y un aforo aproximado de 1000 personas. Mientras la sala se llenaba hasta el sold out los que llevábamos puestas las pulseras amarillas nos sonreíamos tímidamente: esa era la señal que nos distinguía a los que íbamos a asistir a ambos shows seguidos. El ambiente nervioso y a la vez festivo de quien está a punto de presenciar algo único sobrevolaba toda la sala.

Dredg en BerlínEntre humo ambiental azul, el grupo salió a escena ante un público tan expectante como respetuoso. El característico ritmo de batería de Dino al comienzo de Same Ol’ Road rasgó el silencio reinante, poniéndonos el vello de punta, y en seguida Gavin nos regaló su primera gran melodía vocal de la noche, mientras se dejaba mecer por el escenario llevado por el vaivén de las guitarras cristalinas de Mark, como un niño feliz.

Dredg en Berlín

La ovación no se hizo esperar, y casi daba vértigo, parecía que habían empezado demasiado fuerte, con demasiada emoción y con uno de sus temas más épicos, pero si había una cosa inamovible, esa era el setlist: a fin de cuentas, así es el disco, y lo iban a tocar de principio a fin. E igual que pasa en el disco (conceptual y dedicado a la parálisis del sueño, inspirado por uno de los más bellos cuadros de Salvador Dalí), nos sorprenderíamos al constatar que cada canción superaría a la anterior en emoción, en su capacidad abstracta de conectar con cada uno de los presentes de una manera única. Aquello sólo era el principio.

Dredg en Berlín

El sonido fue prácticamente perfecto a partir de la tercera canción, y a la banda se la veía contenta, emocionados al recuperar canciones que, en muchos casos, llevaban muchos años sin tocar en directo, y en el caso de muchas de las intros conocidas como Brushstrokes, que muchas veces nunca habían tocado antes en sus conciertos. Paso del tiempo que no se notaba en la práctica: la verdad es que nadie diría que esas canciones tienen 12 años a tenor de cómo desplegaron ante nosotros la optimista melodía de Sanzen, de la precisión milimétrica en los estremecedores cambios de Triangle o Sorry But It’s Over con su arrollador comienzo metal.

Dredg en Berlín

Of The Room fue uno de los momentos cumbre de la noche, deliciosamente sorprendente gracias a los cambios en las voces y arreglos nuevos que llevaron la canción a otra dimensión y la hicieron sonar más fresca. Gavin cantaba con sus característicos juegos de micro, modulando la potencia jugando con la distancia de su boca al micrófono

Aunque la catársis colectiva máxima llegaría con The Canyon Behind Her, himno encargado de cerrar el disco y en el que además de regalarnos los juegos de coros y voces más delicados del concierto, demostraron su maestría como músicos al regalarnos un puente rítmico nuevo en el que sincronizaron con precisión de cirujano batería, bajo, guitarra y slide guitar en un juego de parones súbitos y notas sueltas que llevaron al público a la locura.

Dredg in Berlin

El concierto habría alcanzado unas cotas de intensidad imposibles de superar, pero aún así, lejos de abandonar las tablas, nos ofrecieron un bis que fue muy bienvenido: la relativamente reciente Pariah, defendida por Gavin con una rabia inusitada, y Movement V: 90 Hour Sleep, rescate totalmente instrumental del Leitmotiv que sirvió de melancólico epílogo a lo vivido.

Supongo que todos tenemos un disco que marca un antes y un después en nuestra vida, o que define una época por motivos estrictamente musicales y a veces también por circunstancias personales. Para mí El Cielo fue uno de ellos, y poder disfrutarlo así fue una oportunidad que no hubiera imaginado ni en mis mejores sueños. Y lejos de ver a la banda confiar en el mero tirón de las canciones de esta obra maestra, lo que presenciamos fue un concierto intenso y entregado con cariño, el más cercano y relajado que les he visto a Dredg hasta la fecha. Perfecto e inolvidable.

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CONCIERTO DE “CATCH WITHOUT ARMS”

Después de la lógica espera para que la banda se recuperara, y de que la organización vaciara al completo la sala para luego dejarnos entrar de nuevo, llegó el turno de revivir el tercer trabajo de los californianos. Creo que se podría decir que Catch Without Arms fue el disco que realmente puso en el mapa para muchos a la banda, y lo atestadísima que estuvo la sala en este segundo concierto, lo caldeado del ambiente, así parecía atestiguarlo: no cabía un alfiler.

Como era de esperar, Ode To The Sun dio comienzo al set y sonó arrebatadora, convirtiendo el centro de las primeras filas en todo un moshpit. La épica de Bug Eyes, con su ya mítico comienzo a la slide guitar, calmó un poco los ánimos, al menos hasta que llegó su potente parte final, en la que se volvió a desatar el headbanging.

Dredg en Berlín

Todo parecía indicar que la banda, de nuevo entusiasmada con la ocasión, iba directa a regalarnos otro conciertazo del calibre del primero de la tarde, pero desgraciadamente pronto empezarían a sucederse algunos problemas técnicos y de sonido que ensombrecerían en parte la actuación, sobretodo su tramo medio: problemas con el micro de Gavin, una cuerda rota de su slide guitar que hizo que acabara el concierto sin él, y algunos contratiempos con los pedales de Mark hicieron que les viéramos algo más contrariados que de costumbre.

Dredg en Berlín

De todas formas la banda supo sobreponerse a estas sorpresas con cierto sentido del humor y también gracias al apoyo incondicional del respetable, que lo dio todo durante todo el setlist, llevado por la emoción. Y el concierto tuvo sus grandes momentos, gracias a las interpretaciones de joyas como The Tanbark Is Hot Lava,  Sang Real, la animadísima Hung Over On A Tuesday, y sobretodo la post-rockera Jamais Vu, una verdadera delicia en directo y una de las que más lució de toda la noche gracias a las maravillosas guitarras de Mark.

Hay que resaltar que quizás por ser el CWA un disco más movido que su predecesor, a Dino le vimos especialmente desatado, buscando el más difícil todavía en muchos momentos y demostrando su naturaleza de bestia parda al set de batería. Quizá sus improvisaciones le hicieran perder una milésima el tempo en algunos puntos, pero cuando ves a alguien que se pone el listón tan alto a sí mismo, ¿qué se puede objetar?  A lo mejor por ese setlist más metal o la sección rítmica más dura que le caracteriza, nos dio la impresión de que él sí que disfrutó más este segundo concierto. De hecho una de las anécdotas de la noche fue cuando, cansado de que se le cayeran los pinganillos del metrónomo de debajo de sus auriculares, debió pensar que “a grandes males, grandes remedios”, y se encintó con cinta americana los cascos a la mandíbula. Así tocó todo las últimas canciones del disco y para colmo se le vio más cómodo que con la boca descubierta. Genio y figura.

Dredg en Berlín

Los bises en esta ocasión fueron cuatro, y de nuevo estuvieron muy acertados. Por un lado tocaron una cara b del propio Catch Without Arms,  The Uplifting News Channel. Y por otro lado hicieron tres justas reivindicaciones a su gran cuarto disco, The Pariah, The Parrot, The Delusion: Down to the Cellar y su majestuosidad instrumental, The Lightswitch y  la dulzura de Cartoon Showroom con la que pusieron punto y final a la noche.

En definitiva, un segundo concierto que no llegó a alcanzar la perfección del primero por una cuestión de simple mala suerte, pero que sirvió para recordarnos que el maravilloso concierto de El Cielo que acabábamos de ver había sido obra de humanos a pesar de las apariencias. Dredg es una de esas bandas que se merecerían tener más renombre del que tienen: su gran legado de canciones y su pasión en el directo en días como esa así lo avalan. Hasta pronto, y millones de gracias. 

CRÓNICA Y FOTOS: ROSARIO LÓPEZ

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