Los 16 mejores discos de 2016

obrothercover2016 puede haberse llevado por delante a grandes nombres de la música que jamás olvidaremos, como David Bowie, Leonard Cohen, Sharon Jones, Prince o George Michael, pero también nos ha dado grandes alegrías en forma de nuevos discos. Con el eclecticismo que nos caracteriza, aquí tenéis nuestros 16 discos favoritos de 2016, como siempre sin división entre estilos ni nacionalidades, y sin ningún orden en concreto porque no nos gusta tener que elegir entre el indie, el mathcore y el rock. Porque toda la buena música nos mola.

1 – Endless Light, de O’ Brother Un disco que lo tiene todo y que no te cansarás de escuchar. Imaginativo, inspirador, altamente emotivo, con unas letras cuidadísimas, y un nivel tanto vocal como instrumental capaz de sacarle los colores a muchas de las grandes bandas que copan otros rankings. Una obra maestra que el tiempo pondrá en su sitio si es que existe  un mínimo de justicia en el mundo de la música.  Haceos un favor y escuchad este disco si aún no lo habéis hecho.

2 – Adore Life, de Savages Crudo y misterioso, elegante y rabioso a la vez. El nuevo disco de Savages es todo lo que esperábamos y un poco más, una delicatessen en toda regla. Con el carisma indiscutible de Jehnny Beth y las líneas de bajo de Ayse Hassan mandando, como siempre. Un perfecto ejemplo de música que se te mete bajo la piel y permanece contigo, latiendo en tu pulso sanguíneo, mucho tiempo después de la primera escucha.

3 – Resiliency, de Syberia Hay pocos lanzamientos en el campo del rock instrumental que puedan sorprendernos a estas alturas, por eso se agradece tanto cuando un grupo consigue que el género te vuelva a emocionar. Resiliency fluye como un único caudal de energía y se convierte desde las primeras escuchas en un viaje hace el interior del oyente que no querrás que se acabe. Crítica completa aquí.

4 – Mariner, de Cult of Luna + Julie Christmas. Si te gusta el post-metal y las voces femeninas con carácter, ya tardas en escuchar este disco. Es acabar Mariner y preguntarte por qué a nadie se le había ocurrido antes juntar las atmósferas pesadas propias del género con el vozarrón de la cantante de Made Out Of Babies: esto es, como dicen los ingleses, un match made in heaven, aunque muchos puristas del género no hayan querido escucharlo debidamente. En especial me pongo a los pies del potencial estremecedor de Christmas, de su voz catártica que lo arregla todo a base de destruirlo primero.

5 – A Hermitage, de Jambinai. Si nos leeis con frecuencia no os pillará por sorpresa que os digamos que Jambinai es uno de los grupos más excitantes que hemos descubierto en los últimos años, con su mezcla insólita de folk coreano y rock instrumental. Este es quizá su mejor disco hasta la fecha, con unas atmósferas particularmente opresivas y rabiosas, que ensalzan aún más su propuesta llena de contrastes y claroscuros, de belleza sin igual mientras la vida amenaza con asfixiarte.

6 – Dissociation, de The Dillinger Escape Plan. Ben Weinman y los suyos saben cómo dejarlo en lo más alto: con un disco redondo en concepto y brutal en ejecución. Estamos ante un disco retorcido y contundente como una pedrada en la cabeza, con giros inesperados al jazz y a las melodías vocales Patton-escas que harán las delicias de su público más ecléctico. Así sí.

7 – Hit Reset, de The Julie Ruin Nuestra querida Kathleen Hannah sigue haciendo lo que mejor sabe hacer en su nuevo disco, el segundo bajo la encarnación de The Julie Ruin: crear un caos totalmente adictivo mezclando el pop más travieso con los gritos y la rabia propios del movimiento riot girrrl de cuyo nacimiento fue partícipe. Y nosotros encantados.

8 – The Hope Six Demolition Project, de PJ Harvey. Quizá no sea su mejor disco hasta la fecha, quizá este álbum no es sino el mero camino que nos lleve a su puñetazo definitivo sobre la mesa en otro disco en el futuro, pero no se puede negar que sigue siendo un camino muy disfrutable. La continuación lógica a Let England Shake, comparte con este guiños a la americana pero las letras dejan entrever más, abarcan conflictos más globales, cuestionan más. Y vuelve a acercarnos a registros vocales que PJ parecía tener algo olvidados desde White Chalk.

9 – A Moon Shaped Pool, de Radiohead. No podía faltar, a pesar de tratarse de ser uno de los discos más impenetrables de Radiohead. Hay muchos fans de la banda a los que no les ha llegado a hacer click, se trata de un gusto adquirido: reconozco que a mí me ha llevado escuchar el disco decenas de veces hasta aprender a paladearlo, pero una vez te consigues meter en él es un disco tan incómodo como irremplazable. Daydreaming lleva la belleza y la melancolía a niveles que no habíamos paladeado desde OK Computer y el disco entero es la banda sonora perfecta para una gran pérdida.

10 – Elipsis, de Biffy Clyro. Redondeamos la tríada de discos que sin ser los mejores de las discografías de sus creadores  aún así nos siguen gustando mucho, con el último del trío (en realidad ahora quinteto) de Glasgow. Un disco en el que Simon Neil ya parece haber superado los demonios que exorcizó en su anterior, Opposites, y que precisamente por eso suponemos tiene un sonido más luminoso y menos trascendental que trabajos anteriores. Aún así tiene su ración de giros sorprendentes y canciones envidiablemente tarareables que nos hicieron enamorarnos de estos escoceses hace más de diez años.

11 – The Bones of a Dying World, de If These Trees Could Talk. Es algo que me temo que nunca llegaré a comprender: por qué este grupo no está entre los nombres más populares del rock instrumental, mientras otras bandas bastante más aburridas en cuanto a propuesta arrasan año tras año en las listas anuales. En fin, a lo que iba: el último disco de los de Ohio vuelve a demostrar cómo sonarían las fuerzas de la naturaleza en caso de ser música, con una fuerza inusitada y una sensibilidad a flor de piel que no debería ser ignorada.

12 – Salve Discordia, de Triángulo de amor bizarro. Los gallegos lo han vuelto a hacer, tres años después del magnifico Victoria Mística nos ofrecen un disco lleno de matices, con temas que van desde el homenaje a New Order que es Baile Sumeria, a trallazos como Gallo Negro se levanta pasando por temas lentos como Qué hizo ella cuando la encontró. Impresionantes en todos los frentes.

13 – Lemonade, de Beyonce. ¿Por qué nos miráis así?, que no solo de rock e indie vive el melómano… El último de Bey se autodefine como un disco conceptual sobre el matrimonio, su aparente crisis y cómo Beyoncé se autoreafirma haciendo de la angustia, arte. Un disco sólido en el que brillan especialmente sus colaboraciones con Jack White y James Blake.

14 – Minor Victories, de Minor Victories. ¿Un supergrupo con miembros de Slowdive, Editors y Mogwai? Sí señores, y el disco debut de semejante experimento es tan increíble como esperábamos todos. Electrónica, melodías etéreas y la voz de Rachel Goswell iluminando el conjunto como un faro que guía al disco a buen puerto.

15 – Circadia, de Jardín de la Croix. Los madrileños cierran nuestra lista de recomendaciones anuales por todo lo alto con su quinto álbum de estudio. Su excelencia técnica es indiscutible, hace años que lo es, pero la magia especial que tiene Circadia es el componente creativo de sus canciones, cuyas melodías suenan más definidas que en trabajos anteriores y donde cada tema te lleva por derroteros diferentes aunque afines. Un disco lleno de recodos en los que perderte una y otra vez: territorio por explorar del mejor math rock, rock progresivo, rock instrumental o como lo queráis llamar.

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