[CRÓNICA + FOTOS] HIM: luces, sombras y nostaliga

FS_HIM_7190 2Amigos y amigas que abarrotasteis la Razz el pasado miércoles, y también aquellos que no pudieron estar pero leen esto para enterarse de cómo estuvo: vaya por delante que esto no es una crónica de concierto. No voy a poder resumiros en cinco frases certeras lo que me pareció, tampoco lo voy a intentar. Me dispongo a escribir esto con mucho más equipaje personal del que tengo encima normalmente cuando escribo una crónica de otros grupos. No voy a ser objectiva del todo, voy a contaros mis impresiones personales, incluído el trasfonso de como conocí a la banda, y esto va a ser largo.

Mi historia les resultará familiar a muchos fans de los comienzos: corría 1999 y yo tenía 18 años cuando escuché Join Me In Death. Víctima de un flechazo instantáneo, compré los dos primeros discos de HIM, los escuché con avidez y perdí completamente la cabeza con esa banda de rock oscurillo capitaneada por (el bellísimo, admitámoslo) Ville Valo. En aquella época yo era FAN DE HIM en mayúsculas: me aprendí todas las letras de sus canciones, mi cuarto estaba empapelado con posters y hasta aprendí a usar Geocities (!!!) para crear una página fan de la banda, creo que la primera en España, gracias a la que conocí a mucha gente con la que compartir nuestra pasión. Pensar en HIM, escuchar a HIM, hablar de HIM, escribir sobre HIM… todo era una sobreexcitación constante, pura diversión. Junto a mis amigas les vimos tocar en Bikini dos veces en el año 2000, en la primera fila, nos los “encontramos” por el centro de Barcelona y nos hicimos fotos con ellos, nerviosas… check a todo eso también. Me fui a estudiar fuera y me llevé mi obsesión conmigo: aproveché para irles a la ahora desaparecida Sala Astoria, en Londres, teloneando a The Mission. A partir de ese punto algo cambió: entre el sabor algo agridulce que me dejó ese concierto (definitivamente no tuvieron su noche) y que no me acabaron de llegar las canciones que fueron sacando en discos posteriores, se me pasó la fiebre poco a poco. La vida me fue separando del grupo del mismo modo extraño en que a veces te separa de los amigos de la infancia: sin dramas ni desencuentros, de pronto os dejáis de llamar y ya está, quizá no teníais tantas cosas en común a fin de cuentas. Pero años después aún les recordarás con una sonrisa.

Fast-forward a 2017: tengo 35 años. HIM anuncian que se separan y anuncian una gira de grandes éxitos como despedida. La primera fecha es en Barcelona. Cosas que me pasan por la cabeza instantáneamente: “vaya, esto sí que no me lo puedo perder, un último “baile” con quienes me acompañaron tanto tiempo.  Sobretodo porque el concierto va a ser en Razzmatazz y en esa misma pista de baile (entonces aún Zeleste) escuché por primera vez esa primera canción suya. Será como cerrar un ciclo y echar un vistazo a cómo éramos todos entonces. Es casi poético.”

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Supongo que, con variaciones, mucha de la gente que acudió a Razzmatazz esa noche lo hacía bajo un impulso similar y con historias parecidas detrás. En la sala abundaban los fans de mi quinta, se veían camisetas con visible solera y heartagrams por todas partes, algunos tatuados. Luego estaba una minoría no menos emocionada, la gente mucho más joven, que les ha descubierto en estos últimos 9 años en que la banda no ha girado por aquí, y por eso nunca les había podido ver. Yo personalmente iba a meterme mi dosis de nostalgia en la vena y con mucha curiosidad, a ver cómo había envejecido la banda en cuanto al directo.

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Empieza el concierto: lo hace con la que probablemente sea una de las canciones más cañeras de la banda, Buried Alive By Love. Un inicio de setlist muy potente sobre el papel (la siguieron Heartache Every Moment y el primer crowd pleaser de la noche, Your Sweet Six Six Six) que no llegó a lucir como debía en la realidad por culpa de problemas de sonido y de una actitud un poco tibia por parte de Ville, que no parecía estar muy metido en el concierto. Se le veía incómodo, dando instrucciones al técnicos entre fraseo y fraseo, como si no se oyera a sí mismo, y algo apático a la hora de interpretar las canciones. Pero el público en general estaba tan excitado ante la idea de estar escuchando las canciones que estaban escuchando, que no paraban de corearlas todas. Los gritos de emoción de las primeras filas y la ropa interior voladora serían una constante durante el todo el concierto.

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Con Resurrection, The Kiss of Dawn y The Sacrament, mejoró algo el desbarajuste de sonido inicial, pero la sensación de que a nivel de implicación los que tiraban del concierto estaban siendo Mige y (sobretodo) Mikko “Linde” (quizá el verdadero showman de la noche), era innegable. Eran ellos dos los que animaban y provocaban al público, los que se dedicaban guiños el uno al otro y buscaban la complicidad de Valo. Con el nuevo batería y Burton, el teclista, en un discreto segundo plano escénico, era difícil no echar de menos ese puntazo que daba en los directos Gas Lipstick, uno de los bateristas más infravalorados que he visto y que colgó las baquetas con HIM para abordar nuevos proyectos en 2015. Jukka ponía de su parte pero simplemente no tenía la misma pegada al set de batería. Entre canciones más recientes el concierto no acababa de arrancar del todo, por el camino cayó la rareza Stigmata Diaboli (una agradable sorpresa) y justo después llegó uno de los momentos más lúcidos vocalmente de Ville: Gone With The Sin, con la sala en silencio disfrutando del momentazo barítono.

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FS_HIM_7075 ¿Fue un mal concierto de HIM? No fue el peor que les he visto. ¿Fue un gran concierto de HIM entonces? Tampoco. Sin duda ese calificativo en Barcelona está reservado a las primeras veces que nos visitaron, cuando aún no atraían verdaderas masas y todos, Valo el primero, aún tenían ese punto de antihéroes algo fanfarrones pero que en realidad aún estaban por ganarse el derecho a comerse el mundo. Pero quien haya visto a HIM varias veces en directo durante estos años sabrá que desde que llegaron a la fama así son, capaces de lo mejor y de lo aséptico, imprevisibles. Y Valo un frontman un poco más frío, literlamente nórdico, que otros del género. El concierto del miércoles tuvo sus luces, sí, pero también sus sombras, aunque los fans más acérrimos seguramente dejaran (¿dejáramos?) que la nostalgia rellenara las carencias en los momentos más confusos.

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Por suerte para todos, llegaría la segunda mitad del concierto para redimirles. Concretamente a partir de la ultrafamosa versión de Wicked Game de Chris Isaak, que sonó definida por fin y potente, con un Valo por fin metido en su papel y el público dándolo todo. A partir de ahí el ambiente se distendió sobre el escenario, los tres miembros fundadores interactuaron mucho más y el setlist fue un greatest hits sin fin. Brillaron especialmente Poison Girl (la mejor de todo el concierto en mi opinión), Join Me in Death y Right Here In My Arms. Tras el paréntesis tranquilo de Funeral of Hearts, llegó el bis con otra cover célebre, la de Rebel Yell de Billy Idol, defendida con uñas y dientes y en la que los riffs de Linde acabaron de enfervorizar al público. Acabar con una balada del primer disco, la atmosférica y dulce When Love and Death Embrace, fue un gesto inesperado y poético, un guiño para quien lo supiera apreciar.

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Y así se cerró el ciclo, como una ceremonia necesaria. Un concierto que fue como saludar a amigos de la infancia de nuevo, ya adultos, y poner en común recuerdos, celebrar las victorias de la vida y reconocer que no todos hemos acabado tomando el camino que pensábamos al principio. Qué menos que centrarse en rememorar lo bueno y sonreir recordando lo mejor de esa época. Fue divertido mientras duró, HIM. Gracias por los buenos momentos.

FOTOS Y TEXTO: © ROSARIO LÓPEZ

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