[CRÓNICA + FOTOS]: DCODE Fest 2014, la gran fiesta que despidió al verano

RoyalBloodAyer sábado 13 de septiembre volvió a Madrid la última gran fiesta del verano, el DCode Festival. En su cuarta edición ya, el festival puede estar orgulloso de ser el festival urbano de referencia de la capital, al que los asistentes pueden llegar fácilmente con el transporte público, y disfrutar de los últimos días de clima estival sobre el césped y disfrutando de un cartel ecléctico y de gran calidad.

Convertido en festival de una sola jornada desde su anterior edición, este año se había ampliado el recinto y se contaba con tres escenarios programados para que se produjeran los mínimos solapamientos posibles.

La tarde para nosotros empezaba con los jovencísimos Belako. Bajo un sol de justicia y en el escenario grande, le echaron buena disposición y descaro a su directo, que bebe del post-punk y de las líneas de bajo reminiscentes de Pixies (esto último quizá demasiado). Con la mordida de quien sale a comerse el mundo y la frescura de su edad, cumplieron su cometido, que fue caldear el ambiente y prepararnos para una gran tarde de rock.

Belako

Belako

Los siguientes en saltar a las tablas fueron los muy esperados Band of Skulls, que salieron con el pie en el acelerador y nos dieron una lección de rock a la americana. Con la simpatía y humildad del músico de oficio que confía en la solidez de sus canciones y en su enérgica puesta en escena, convencieron a un público ávido de sonidos guitarreros con temas como Asleep At The Wheel y I Know What I am.

Band of Skulls

Band of Skulls

De vuelta en el escenario principal fue el turno de uno de los platos fuertes del festival: la inglesa Anna Calvi. Misteriosa y seductora, comenzó con la elegante Suzanne and I y antes de que pudiéramos notarlo, hipnotizó a las masas con su personalísima manera de tocar la guitarra y esas voces que navegan entre el rock y la épica operística. Acompañándose de su fantástica banda de multiinstrumentistas, nos ofreció un setlist que bebió de lo mejor de sus dos discos y parecía adaptado a las querencias festivaleras: ahí estuvo la alegre Blackout, cara de ver en sus recientes conciertos en sala, pero también el ruidismo desafiante de Love of My Life, casi reminiscente de Yeah Yeah Yeahs en sus buenos tiempos.Destacaron su oscura versión de Wolf Like Me, de TV On The Radio, y las magistrales Love Won’t Be Leaving y Jezabel, ardientes piezas con los que acabó el concierto llevando la actuación a otro nivel. Y es que si aún quedaba algún escéptico respecto a lo artista que es Anna, con ese tour de force final seguro cayó rendido a sus pies.

Anna Calvi

Anna Calvi

En algún momento teníamos que beber y comer, así que hicimos números horarios en mano y acabamos por renunciar al concierto de pop bailable con toques étnicos de Bombay Bycicle Club. Tras este inevitable parón por nuestra parte, nos dirigimos al escenario pequeño para disfrutar del directo de la última sensación llegada directamente del Reino Unido, el dúo Royal Blood. Habíamos oído hablar mucho de ellos en las últimas semanas, sobretodo gracias a su repentina irrupción en el número 1 de la lista de ventas en Reino Unido, y sentíamos una gran curiosidad por ver cómo se traducía el sonido de su disco debut al binomio batería-bajo.
Royal Blood en DCode Festival
Y lo cierto es que nos encontramos con un directo a la altura de las expectativas, en la que brilló especialmente la manera en la que Mike Kerr, con aplastante seguridad, se las apaña para que su bajo suena a la vez como bajo y guitarra. En la urgencia de su directo identificamos la impronta de bandas como Queens of the Stone Age, Foo Fighters y el mismísimo Jack White, aunque fueron los ocasionales riffs a lo Rage Against the Machine los que se llevaron el gato al agua a la hora de desatar los pogos entre las primeras filas. Desde luego no seré yo quien se queje de estar viendo a una banda con esas influencias, y es que hay que tener orchata en vez de sangre para no darlo todo durante temazos como Come On Over, Little Monster Figure It Out. No es que hagan algo increiblemente innovador, pero hay que ver qué bien lo hacen. ¿La única pega? Se quedaron algo corto de decibelios: el concierto lo tuvo todo para arrasar y sólo nos quedamos con las ganas de que el volumen fuera el suficiente para acabar de despeinarnos. En todo caso, muy bien Dcode por tener la vista de traer a semejante bombazo.

Royal Blood en DCode Festival

Cambio de tercio para ir a ver el show del guapetón Jake Bugg, que tocaba en el escenario Heineken para deleite de su joven (como él), numeroso y sobretodo apasionado público. Y es que durante el comienzo de su actuación, los gritos desde las primeras filas casi acaban por tapar las canciones que interpretaba acompañado de su acústica, como There Is a Beast and We All Feed It o Trouble Town. Nos lo creimos más en esa nueva vertiente folkie bluesera suya que cuando se ponía eléctrico: cuando alternaba material antiguo y nuevo a veces nos daba la impresión de estar viendo a dos bandas diferentes.

Jake Bugg

Jake Bugg

Por fin llegaba el momento de disfrutar del que para muchos era el plato fuerte de la noche: Beck. El genio noventero ha sido caro de ver por nuestras tierras en los últimos años y era mucha la expectación entre el público, en el que se combinaban la curiosidad de los más jóvenes con la nostalgia de quienes, ya bien pasados los treinta, recordamos con gran cariño cómo aquel entonces chaval delgadillo irrumpió en el panorama rock de los años 90 con la descarada propuesta de su Odelay. Y ante la mayor multitud de toda la noche, se nos ganó tanto a fans como a neófitos con un gran espectáculo. Las enormes pantallas en las que se alternaban psicodélicos paisajes de neón servían de localización perfecta para las gamberradas de Beck y sus secuaces: una banda infalible en la que la excelencia instrumental iba de la mano de dosis increíbles de buen rollo y complicidad. Con la confianza aplastante que implica el empezar el show con la chulería de Devil’s Haircut y sacar a la luz la icónica Loser casi de inmediato, Beck supo convertir el Dcode en una pista de baile gigante en que no había quien se quedara sin mover las caderas escuchando temas como la funky Sexx Laws o Timebomb. Genio atemporal que sigue bailando dislocado como en los buenos tiempos, Beck demostró estar en buenísima forma y ser un entertainer nato del que muchos deberían aprender. Inolvidable el momento “escena del crimen”, con los músicos de la banda escenificando una reyerta que acababa con un par de ellos “muertos” y con Beck cercando el frontal del escenario con cinta amarilla: Crime Scene Do Not Cross.  Puntos extras también por marcarse la presentación de la banda más entretenida que hemos visto en tiempo, homenaje tras homenaje a los 80 y 90. Beck se escribe con B, con B de BRAVO.

Beck

Beck

Vetusta Morla tomaron el relevo en el Heineken con su espectáculo de luces pensado al milímetro y la teatralidad desbordada de su frontman, Pucho, que se estira de manera imposible durante todo el concierto, llevando cuerpo y voz al límite. Canciones como La Deriva, Golpe Maestro y La Mosca en tu Pared llevaron a la catársis colectiva a un público entregado que coreó cada palabra de cada canción. Jugando en casa y consagrados como el grupo que se disputan todos los festivales habidos y por haber en la península, es cierto que despiertan pasiones: quizá sea cierto que tienen tantos fans acérrimos como detractores, pero de estos últimos no vimos muchos en el Dcode.

Vetusta Morla

Vetusta Morla

Quien en cambio nos dejó algo fríos fue La Roux: nos ofreció un concierto eficiente pero poco más, a su electropop bailable le faltó ese punto fiestero o extravagante que tan bienvenido suele ser en el estilo. Entendemos que juega la carta de la elegancia, pero quizá le hiciera un flaco favor tocar después del despliegue escénico de Beck o Vetusta Morla. Un concierto eficiente, sí, y los nuevos temas de Trouble In Paradise suenan muy bien en directo, pero la propuesta adolece de cierta linealidad al verla en concierto.

La Roux

La Roux

Así llegamos al que fue el último concierto que vimos en el DCode: los escoceses Chvrches llegaban a presentar su laureado disco debut entre luces ensoñadoras y halos de colores fríos. Si bien es cierto que su cantante Lauren puede adolecer a veces de eso, de cierta frialdad en escena, parece que parte de su encanto radica precisamente en su apariencia juvenil y comportamiento tímido y algo enigmático sobre las tablas. Flanqueada por sus compañeros y sus sintetizadores, la vimos en muy buena forma vocal mientras desgranaba canciones como The Mother We Share, Gun y la muy resultona Lungs, donde la vimos casi bailar con el cable de su micro. Y es que son precisamente esas canciones infalibles las que sustentan el show como columna vertebral del mismo. Aunque si nos tenemos que quedar con dos momentos, nos decantamos por Lies y por la oscuridad de Science/Visions. Personalmente creo que el día que le echen un poco más de sangre al tema o se apoyen en una escenografía algo más potente, este trío se acabará de comer el mundo. ¿Y el público? Encantado, poniéndole el broche de oro al último festival del verano. Gracias Dcode por una edición para el recuerdo.

Chvrches en el DCode 2014

Chvrches en el DCode 2014

CRÓNICA Y FOTOS: ROSARIO LÓPEZ

 

 

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