Poco importa ya que conociéramos a Tame Impala como un grupo de culto para nostálgicos de la psicodelia de los años sesenta; lo que verdaderamente trasciende es que Kevin Parker ha sabido explicar el presente líquido de toda una generación a través de su música. El artista australiano regresa para recordarnos que el pop del siglo XXI debe ser mutante o no será, utilizando un «conjuro pop» que enrarece y embellece la vida a partes iguales.
En esta nueva gira, presenciaremos la puesta de largo de su quinto álbum de estudio, titulado Deadbeat, publicado tras casi seis años de silencio discográfico desde The Slow Rush. Parker ha reactivado su proyecto con singles como “End of Summer”, “Loser” —cuyo videoclip incluye la colaboración de Joe Keery— y “Dracula”, piezas que habitan ese limbo imposible entre el recuerdo retro y el presagio futurista. El sonido del proyecto sigue sustentado en una impresionante sinfonía de sonido que el propio Parker construye meticulosamente en el estudio, utilizando capas de efectos como el phasing y el delay para crear atmósferas elásticas. Sigue leyendo