
Indar. 25-11-2026. Paral·lel 62. Promo Aloud Music. Texto Katya Vlasova Fotos Mariano Anton.
A veces, en la vida, hay encuentros que no se pueden planear. Simplemente vas a un concierto sin esperar nada especial y vuelves a casa con la sensación de que algo ha cambiado dentro de ti.
Hoy me ha pasado exactamente eso. He descubierto a INDAR.
Y ahora me encantaría que muchísima más gente conociera a estos músicos.
Todavía estoy intentando encontrar las palabras para expresar todo lo que he sentido. Porque hay música que escuchamos. Hay música que nos gusta. Y luego está esa música que, de alguna manera inexplicable, encuentra el camino directo hacia el alma, acaricia sus fibras más sensibles y deja algo mucho más profundo que un simple recuerdo: una experiencia que se queda dentro de ti.
Hoy he escuchado precisamente esa música.
INDAR es una joven banda de Barcelona que combina de una manera sorprendente el metal alternativo, progresivo y post-metal. En su música conviven cosas que, a primera vista, parecen incompatibles: fuerza y fragilidad, ternura y rabia, silencio y explosiones emocionales, oscuridad y luz.
Después descubrí que INDAR significa «fuerza» en euskera.
Y creo que no podrían haber elegido un nombre más acertado.
Pero esa fuerza no está solamente en el sonido potente, en las guitarras pesadas o en las explosiones emocionales. Está en la valentía de mostrarse vulnerables. En la capacidad de transformar el dolor en belleza, la ternura en energía y las emociones humanas más profundas en música.
Y lo más sorprendente es la naturalidad con la que todo eso convive.
Desde los primeros minutos se notaba lo bien que los músicos se entienden entre sí. Tocan con una gran compenetración, se apoyan mutuamente y juntos crean un sonido sólido, expresivo y lleno de matices.
Y eso es realmente precioso.
En el escenario no se percibe solo profesionalidad. Se siente confianza. Respeto mutuo. Una conexión humana muy auténtica.
Creo que algo así no se puede inventar, ensayar ni fabricar artificialmente. Nace entre personas que realmente se entienden y creen en lo que hacen.
Y entonces llegó la voz…
La voz de la cantante, Sara Parra, es todo un universo.
Ni siquiera sé cómo describir lo que me pasaba por dentro mientras la escuchaba.
Podía cantar con una delicadeza increíble, casi etérea, como si te estuviera confiando algo muy personal. En su voz había una combinación maravillosa de fragilidad y profundidad, y también esa sensualidad tan especial que nace de la libertad interior, de la seguridad en una misma y de la capacidad de vivir cada emoción. A veces, en sus matices, había algo casi íntimo, como si la música acortara por un instante la distancia entre las personas y llegara a los rincones más profundos del alma.
Y un instante después, su voz se transformaba en una fuerza poderosa, profunda, casi primitiva.
Pero ¿sabéis qué fue lo que más me impresionó?
No fue simplemente su capacidad para transformar la voz. Ni la técnica. Ni el contraste entre la voz limpia y los registros más extremos.
Fue la naturalidad con la que sucedía todo.
Como si en esa música no pudiera ser de otra manera. Como si justo en ese momento la ternura tuviera que convertirse en un grito, la fragilidad en fuerza y una emoción que no encontraba palabras pudiera, por fin, hacerse escuchar.
Y aquella voz no se limitaba a sonar. Contaba historias. Las vivía. Transmitía significados que a veces resultan imposibles de expresar con palabras.
Hubo momentos en los que lloré.
Y fueron unas lágrimas muy especiales.
No necesariamente de tristeza. Más bien de una emoción que me desbordaba. De belleza. De sentir hasta qué punto la música de alguien a quien no conoces puede llegar a lo más profundo de tu propio mundo interior.
De esa sensación de que una persona completamente desconocida ha conseguido expresar algo para lo que tú misma nunca habías encontrado las palabras.
Mientras escuchaba, no podía dejar de pensar: ¡qué fuerza tan increíble tiene el arte de verdad!
Después quise saber más sobre INDAR, sobre su música, sobre su álbum Anlage y sobre los temas que exploran: la fuerza interior, la vulnerabilidad, la libertad, el dolor, la aceptación de uno mismo y la superación de las expectativas ajenas.
Y muchas cosas empezaron a cobrar todavía más sentido para mí.
Porque eso era precisamente lo que había sentido durante el concierto.
Detrás de su sonido contundente hay una enorme profundidad emocional. Detrás de la fuerza, ternura. Detrás de la intensidad, sensibilidad. Y detrás de cada transición musical parece esconderse una historia humana auténtica.
A menudo pienso en lo maravilloso y, al mismo tiempo, injusto que puede llegar a ser el mundo de la música.
¡Cuántas personas con talento hay a nuestro alrededor! Cuántas voces únicas, ideas musicales y bandas extraordinarias que la mayoría de nosotros quizá nunca lleguemos a conocer.
Porque el talento no garantiza el reconocimiento.
Para que la música salga de las salas pequeñas y encuentre a su público, muchas veces hacen falta muchísimo trabajo, tiempo, oportunidades y el apoyo de productores, sellos independientes, promotores de conciertos, festivales y, simplemente, personas que un día decidan creer en esos músicos.
Y me entristece un poco pensar que, a veces, la popularidad no depende únicamente de la calidad o la profundidad del arte, sino también de las circunstancias, de la suerte y de encontrarse con las personas adecuadas en el camino.
Porque tener talento y ser conocido son dos cosas completamente distintas.
Por eso también quiero mencionar a Aloud Music, gracias a quienes se celebró este concierto en Barcelona.
Gracias a Aloud Music he descubierto a músicos extraordinarios, entre ellos Brutus, Los Sara Fontan y Lisabö. Proyectos muy diferentes en cuanto a sonido, personalidad y lenguaje musical, pero cada uno de ellos me ha provocado, en su momento, emociones igual de intensas y difíciles de explicar.
Ese mismo estremecimiento. Esa misma admiración. Esa misma sensación de estar descubriendo algo poco común, profundamente vivo y auténtico.
Y hoy, escuchando a INDAR, he vuelto a sentirlo.
Cada vez estoy más convencida de que existe una belleza especial en la música que no intenta gustarle a todo el mundo. Que no tiene miedo de ser compleja, inesperada o diferente. Que no se adapta a las expectativas, sino que sigue sus propias reglas.
Y qué bonito es que existan personas capaces de reconocer esa belleza, creer en ella y darnos la oportunidad de disfrutarla en directo.
Me siento muy identificada con la idea de apoyar la música independiente. Crear espacios donde las bandas jóvenes puedan ser escuchadas, donde los músicos se apoyen y se recomienden entre sí, donde el talento auténtico tenga la oportunidad de encontrarse con su público, es algo realmente importante.
Y eso es precisamente lo que más valoro de Aloud Music: la posibilidad de descubrir universos musicales a los que quizá nunca habría llegado por mi cuenta. Cada uno de esos conciertos se convierte en algo más que una fecha en el calendario: en una nueva página de mi propia historia musical.
Hay piedras preciosas que son irrepetibles. La naturaleza las crea a su manera, cada una con su propio dibujo, profundidad, matices y luz.
Para mí, INDAR es una de esas joyas poco comunes del mundo de la música.
No siento la necesidad de compararlos con nadie. Ni de buscarles parecidos o intentar explicarlos a través de nombres más conocidos.
Solo me apetece decir: escuchadlos.
Sentid su música.
Dejad que os cuente su historia.
Me encantaría que INDAR y otros músicos maravillosos que he tenido la suerte de descubrir pudieran dar más conciertos, llegar a nuevos oyentes y tener oportunidades para seguir creciendo sin perder su identidad.
Y quizá algún día vea a INDAR en el escenario de un gran festival y recuerde con una sonrisa este día de octubre en Barcelona.
Aquella pequeña sala. Aquella voz. Aquellas emociones.
